Oscar Acosta

Los amantes

Los amantes se tienden en el lechoy suavemente van ocultando las palabras y los besos.Están desnudos como niños desvalidosy en sus sentidos se concentra el mundo.No hay luz y sombra para sus ojos apagadosy la vida no tiene para ellos forma alguna. La hermosa cabellera de la mujer puede ser una rosa,el agua tibia o

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La estrella

Sobre mi pecho abatido por los golpesestá tu estrella tibia, dolorosamente azul,diríase un cielo toda ella.No quiebra el agua su perfecta dulzura,su sencillez es transparente y tieneel uniforme brillo de la lluvia alta.Déjame este lucero, este cuerpo celestesembrando sobre mi pecho lleno de golpes,estás ya tan humilde que tu nombrese puede decir con respeto y

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Formas del amor

Mis manos tocan, niña mía, tu rumorosa piel,tu dulcísima carne que tranquilos ángeles habitan,tu cabellera suave,tu corazón pequeño. Oye la campana del díaapagando el luto de la nochemira la luz que silenciosamente nos cubre,mira el cielo:ese jardín sobre tu pecho;respira el aire quietoque el ruiseñor anuncia con su lanza,conduce tu desamora un lago sepultadoy háblame

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Escrito en piedra

Yo vi, joven señora,su bello cuerpoentre las piedrascomo una orquídea. No había fuego entoncesal servicio del hombre,ni dúctiles metalesmostraban al asombrodel primitivo sersus formas. Andábamos descalzoscomo niños,desnudos como pecesen el aguay corríamos librescomo ágiles leopardos Era el año dos milo cuatro milantes de Jesucristo.Las tribus combatíancon pedernales,con piedrasy cuchillos. Antes de ir al combatepinto estos

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El rostro

De tu rostro purísimo y resplandecientesurge una luz silenciosaque todo lo desnuda, descubreparaísos y mares de ceniza,oculta sombras con su bella campanay vuela como un pájaro.Olvidar tu rostro es ahogar el corazón,tratar de ignorarlo es vivira ciegas, dando tumbos;no es necesario volver a decirque tu rostro nos promete un reinoen un universo inmóvil y destruido.

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El fuego

Frotó el indio la yesca,el pedernal, el pinocon otro pino viejo,la madera, las hojasde roble, la cortezade los ceibos caídos,el cuerpo del animalsalvaje, el carbónmineral endurecido. El mundo cambió entoncesotro espejo movibleque no era el del agua,alzó su brazo rojoen la espesa maleza,en el ámbito crudode miles de añosa la sombra, iluminadossolamente por el rayoo

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